miércoles, 16 de junio de 2010

EL ARTE DE SER FELIZ

Hubo un tiempo en el cual mi ventana daba a un chalet. En la punta de la casa brillaba un azul platos grandes de huevo. Esta era la tierra un huevo de paloma blanca. Sin embargo, en días claros, cuando el cielo era el mismo color que los platos de huevo, la paloma parecía suspendida en el aire. Yo era un niño, pensé que esta ilusión maravillosa y me sentí bastante feliz.
Hubo un tiempo en que mi ventana daba a un canal. El canal abrió un bote. Un barco cargado de flores. ¿Dónde las flores? Quién va a comprar? En ese frasco, en que sala, ante el que brillan en su breve existencia? Y las manos que había creado? Y la gente se reía de la alegría de recibirlos? Ya no era un niño, pero mi alma estaba completamente feliz.
Hubo un tiempo en el cual mi ventana daba a un patio, donde una manguera de gran ampliado su ronda de corona. A la sombra del árbol, una estera, pasó casi todo el día estaba sentada una mujer, rodeada de niños. Y contar historias. Yo no podía oír, la altura de la ventana, e incluso para oír, no entiendo, porque iba demasiado lejos en un idioma difícil. Pero los niños que tenía tal expresión de su rostro, a veces con las manos arabescos tan comprensible, asistí a la audiencia, el pensamiento de los sujetos y su vida y se sentía bastante feliz.
Hubo un momento en mi ventana se abrió sobre una ciudad que parecía hecha de tiza. Cerca de la ventana era un pequeño jardín seco. Fue una época de sequía, la tierra se desmoronó, y el jardín parecía muerto. Pero cada mañana era un pobre hombre con un cubo y en silencio, estaba disparando con la mano unas gotas de agua en las plantas. No había una regla: que era una especie de ritual de aspersión, de modo que el jardín no muere. Y miré a los planes para el hombre, las gotas de agua que caían de sus dedos delgados y mi corazón estaba completamente feliz.
Pero cuando hablo de algunas de esas pequeñas alegrías que están en frente de cada ventana, algunos dicen que estas cosas no existen, otros sólo existen en frente de mis ventanas y otros, en fin, debemos aprender a mirar, para que puedas verlos tal cual son .
[Cecilia Meireles]